Ángel de coloridas alas, demonio con aureola celestial, ¿recuerdas la noche en que me arrebataste el alma?
¿No te atormentan en tus descansos esas palabras que me hicieron merecedor de
algo peor que la muerte? ¿Las recuerdas?
Yo te refrescaré la memoria, dulce querubín de rojizos cabellos.
Tú, que has gozado de la máxima plenitud de tu
condición angelical, simplemente porque ahora tus alas estén atrapadas en el
lodo y te impiden volar, ¿te crees con el derecho divino de juzgar a tus
semejantes y someterlos bajo tu aplastante yugo?
Eres un cobarde, incapaz de romper los barrotes
de tu férrea cárcel, matando lentamente tu tiempo mientras gritas hasta hacerte
sangrar la garganta, siendo sólo contestado por tu propio eco.
Sigues siendo un mero niño, que aguantas
estóicamente el suplicio de ver tu alma abandonada entre frías piedras, que
poco a poco, entre el invierno y la tempestad, va helando tu verdadero ser,
hasta que llegue un momento en que, cual masa de hielo, se romperá en millones
de fragmentos y no serás nada.
Y te mientes a ti mismo cuando finges creer que
esa dorada pintura que adorna tus normas e historias, es valioso oro. Porque
realmente sabes que es mera madera podrida que poco a poco va carcomiendo tu
mente
Lo único que haces es cerrar los ojos ante la
maldad que ante ti se extiende, y te va hundiendo cada vez más deprisa. Pero,
egoísta de ti, te crees dueño y señor de ella, y en vez de aferrarte a las
manos que te sacarían de esta agonía, arrancas miembros y sobre los cuerpos que
el fango engulle, descansas
Sólo eres un pobre ángel con las alas rotas,
asustado entre un montón de demonios, buscando con la mirada a tu Dios, un Dios
que te desterró hace tiempo.
No logro saber qué pasó después. Una niebla negruzca emborrona los recuerdos. Pedazos
confusos aparecen emborronados.
Gritos. Llantos. Sangre, mucha sangre. Un fuego que me
consumía, que lamía mi piel y alma. Y nombres, muchísimos nombres en el aire:
Monstruo, Demonio, Ángel, Dios, Música, Violín… Lestat. Armand.
Ángel de coloridas alas, demonio de aureola celestial, ¿recuerdas la noche en
que me arrebataste el alma?
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