El sonido de los pasos rompe el silencio.
De pronto, un par de pies para y se escucha como alguien contiene el aliento.
Una risita casi enmudecida aparece justo después.
— Si tienes miedo no lo hag…
— No tengo miedo.
Una sonrisa se dibuja en el mayor.
Nuevos ruidos de pasos, esta vez despacio y con indecisión.
Con lentitud se desabrocha la capa.
Tiene que ser más fuerte, tiene que ser más fuerte, tiene que ser más fuerte…
… y no puede morir.
Debe vivir para siempre…
… y dejar de sentir.
La tela se desliza suavemente por su piel y cae al suelo en completo silencio.
Las manos bajan hasta sus pantalones y estos también terminan en el suelo sin producir el más mínimo sonido.
Los zapatos fuera.
Sólo una pequeña prenda tapa sus genitales.
Vuelve a caminar, pero ahora sus pasos no se escuchan.
Un leve rayo de luz ilumina la cuchilla, y ese brillo se expande durante unos segundos por toda la estancia de piedra.
Traga saliva.
Se arrodilla y extiende un brazo tembloroso.
— ¿Preparado?
El silencio es la contestación a la pregunta.
La suave risa vuelve a hacer aparición en escena.
— Qué valiente para ser tan solo un niño.
El ruido de un mecanismo activándose, algo que solo los oídos más finos pueden escuchar… o los que están esperando ese sonido.
La cuchilla cae.
La carne se desgaja, se desprende, se arranca.
El hueso se resiste, pero no tarda en partirse.
Más carne desprendida para nunca más volver a ser unida.
Sangre.
El mecanismo vuelve a su punto de inicio, mientras de la cuchilla gotea un líquido carmesí.
Un grito desgarrador se estrella contra todas las paredes.
Las lágrimas se mezclan con la saliva.
El dolor recorre todo el cuerpo hasta casi rozar la locura.
Arrancarse un miembro es como quitarle los pétalos a una rosa. Todo el suelo se tiñe de rojo
Los gritos y sollozos poco a poco van bajando de volumen, hasta que la garganta es incapaz de producirlos.
— Eso comenzará a coagular, implántatelo ya.
Con la mirada perdida en algún lugar de la cordura, rebusca con la mano que le queda un trozo de madera.
La sangre lo mancha todo.
El brazo de una marioneta aparece entre los ropajes.
Todas las junturas están bien talladas.
Ayuda para crear una movilidad real…
… como humana.
La unión comienza y los llantos reaparecen.
Un largo suspiro de cansancio al final.
El sonido de la sangre salpicando cuando cae de lado, agotado, es casi placentero.
El color del mar carmesí que empapa el suelo se confunde con sus cabellos.
— ¿Cuándo podrás moverlo a tu voluntad?
— Tardará unos días.
Esa voz no es la misma…
… él ya no es el mismo de antes.
— Cuando vayas a cambiarte el otro brazo me avisas.
Las lágrimas parecen rojas al estar tan cerca del gran charco escarlata.
Tiene que ser más fuerte, tiene que ser más fuerte, tiene que ser más fuerte…
… y no puede morir.
Debe vivir para siempre…
… y dejar de sentir.
De pronto, un par de pies para y se escucha como alguien contiene el aliento.
Una risita casi enmudecida aparece justo después.
— Si tienes miedo no lo hag…
— No tengo miedo.
Una sonrisa se dibuja en el mayor.
Nuevos ruidos de pasos, esta vez despacio y con indecisión.
Con lentitud se desabrocha la capa.
Tiene que ser más fuerte, tiene que ser más fuerte, tiene que ser más fuerte…
… y no puede morir.
Debe vivir para siempre…
… y dejar de sentir.
La tela se desliza suavemente por su piel y cae al suelo en completo silencio.
Las manos bajan hasta sus pantalones y estos también terminan en el suelo sin producir el más mínimo sonido.
Los zapatos fuera.
Sólo una pequeña prenda tapa sus genitales.
Vuelve a caminar, pero ahora sus pasos no se escuchan.
Un leve rayo de luz ilumina la cuchilla, y ese brillo se expande durante unos segundos por toda la estancia de piedra.
Traga saliva.
Se arrodilla y extiende un brazo tembloroso.
— ¿Preparado?
El silencio es la contestación a la pregunta.
La suave risa vuelve a hacer aparición en escena.
— Qué valiente para ser tan solo un niño.
El ruido de un mecanismo activándose, algo que solo los oídos más finos pueden escuchar… o los que están esperando ese sonido.
La cuchilla cae.
La carne se desgaja, se desprende, se arranca.
El hueso se resiste, pero no tarda en partirse.
Más carne desprendida para nunca más volver a ser unida.
Sangre.
El mecanismo vuelve a su punto de inicio, mientras de la cuchilla gotea un líquido carmesí.
Un grito desgarrador se estrella contra todas las paredes.
Las lágrimas se mezclan con la saliva.
El dolor recorre todo el cuerpo hasta casi rozar la locura.
Arrancarse un miembro es como quitarle los pétalos a una rosa. Todo el suelo se tiñe de rojo
Los gritos y sollozos poco a poco van bajando de volumen, hasta que la garganta es incapaz de producirlos.
— Eso comenzará a coagular, implántatelo ya.
Con la mirada perdida en algún lugar de la cordura, rebusca con la mano que le queda un trozo de madera.
La sangre lo mancha todo.
El brazo de una marioneta aparece entre los ropajes.
Todas las junturas están bien talladas.
Ayuda para crear una movilidad real…
… como humana.
La unión comienza y los llantos reaparecen.
Un largo suspiro de cansancio al final.
El sonido de la sangre salpicando cuando cae de lado, agotado, es casi placentero.
El color del mar carmesí que empapa el suelo se confunde con sus cabellos.
— ¿Cuándo podrás moverlo a tu voluntad?
— Tardará unos días.
Esa voz no es la misma…
… él ya no es el mismo de antes.
— Cuando vayas a cambiarte el otro brazo me avisas.
Las lágrimas parecen rojas al estar tan cerca del gran charco escarlata.
Tiene que ser más fuerte, tiene que ser más fuerte, tiene que ser más fuerte…
… y no puede morir.
Debe vivir para siempre…
… y dejar de sentir.
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