Una babucha fue
lanzada desde el otro extremo del patio, e impactó de lleno en la frente de
Altaïr.
El asesino cayó
de espaldas, derramándose un poco del té que tenía en la mano sobre los
ropajes:
— Eres un
rencoroso— dijo mientras se llevaba una mano a la frente y se frotaba justo el
lugar donde la zapatilla había golpeado—. Además, vives en Jerusalén, ya podías
aprender algo de lo de poner la otra mejilla.
Malik se sirvió
un poco de couscous en el cuenco y soltó una carcajada vacía y carente de
humor:
— Lo que me
faltaba, que me cortasen el otro brazo.
— Exagerado —
murmuró el castaño mientras volvía a incorporarse y se limpiaba con la manga el
desastre que la bebida había causado en su ropa.
— Además, la
filosofía cristiana es una mierda.
— Todas son una
mierda.
El manco dejó
que una sonrisa ladina se dibujase en los labios, justo en el mismo momento que
cogía un cuchillo, jugueteando con él:
— La del ojo
por ojo no, ¿te la enseño?
— ¿Algún fetiche
extraño con intentar dejarme lisiado a mí también?
— No es un fetiche
— acabó por dejar el cuchillo y acercarse el cuenco a la boca—, es más bien un
sueño frustrado.
Altaïr le
observó comer y suspiró, terminándose de un solo trago el poco té que había
sobrevivido en su vaso:
— Lo siento,
Malik, no pienso alentar ese sueño mientras esté enfocado hacia mí.
El interpelado
se terminó el contenido del plato y se levantó, recogiendo con gran maestría,
con la única mano con la que contaba, la bandeja de la comida, junto con su
plato y vaso:
— Un hombre de
verdad se dejaría cortar el brazo, como mínimo, en compensación por los errores
de su pasado. Esos errores que tanto daño nos han causado — dijo secamente
antes de desaparecer por el marco de la puerta que daba a la casa.
El silencio se cernió
sobre el patio.
Malik terminó
de recoger la cena, dejando los platos en la cubeta con agua de la cocina,
antes de salir con una pequeña de bandeja de dulces de limón.
Altaïr acomodó
los almohadones al lado de la fuente, para que ésta les refrescara un poco
mientras tomaban el postre, siendo iluminados por una diminuta luna menguante:
— Por eso el
mentor me acuchilló — murmuró cuando Malik se sentó a su lado—. Estuve al borde
de la muerte, y al vencerla, me degradaron. Ese fue mi pago, y lo acepté.
— No fue
suficiente.
— ¿Y qué
pretendes? ¿Dejar a otro asesino de la hermandad inutilizado?
— Como si sirvieras
para mucho, novicio. Sólo me haces perder el tiempo con impertinencias.
Una sonrisa
divertida cruzó los labios de Altaïr mientras mordía uno de los dulces:
— Por eso he
cumplido todas las misiones que me han encomendado con éxito, ¿verdad?
— Sí, bueno —
Malik acabó de tragar y se limpió la boca con el dorso de la mano—. Si a eso
quieres llamarle éxito.
— ¿Alguna
queja?
El otro asesino
cogió el último dulce y lo partió por la mitad, dejándole una de las partes a
Altaïr:
— Eres muy poco
sutil.
— Daños
colaterales controlados.
De nuevo el
silencio se sobrevino.
El castaño
terminó con el postre y se quedó mirando el cielo a través de la reja del
techo, ignorando la mirada ensombrecida de su compañero, que dejó el último
trozo de dulce en el plato:
— Daños
colaterales como mi hermano, ¿no?
Aquello fue
peor que si le hubiera abofeteado.
Altaïr bajó el
rostro y lo clavó en ese cacho de pastelito que Malik no había sido capaz de
comerse:
— Lo que pasó
con Kadar jamás fue algo controlado – sentenció con voz ronca.
— ¿Reconoces,
pues, tu error?
Un sonrojo
incómodo se instaló en las mejillas del asesino, que volteó el rostro hacia
Malik, clavando los ojos en los suyos:
— Yo no estoy
reconociendo nada.
— Eso no es lo
que has dicho antes.
— No pongas en
mi boca palabras que no he pronunciado.
— Ya.
Altaïr se
levantó de golpe, cogiendo el plato y caminando hacia el interior de la casa.
Pero justo en el último momento antes de desaparecer, se giró, mirando al otro
con seriedad:
— Mira, Malik,
si vas a dejar que purgue mi culpa, déjame. Que me ayudes a conseguirlo, o no,
ya es cosa tuya. Pero si lo que quieres es matarme, en venganza por tu hermano
y tu brazo, sal algún día tras el mostrador y mancha tu cuchilla con mi sangre.
Darme sermones protegido en tu tiendecita es inútil.
Ambos se
quedaron mirándose en silencio durante unos segundos, y cuando el hombre se
giró para entrar definitivamente, el manco se levantó corriendo, cogiendo a
Altaïr del hombro y empujándole con fuerza contra el marco de la puerta:
— ¿Te crees que
a mí me gusta estar detrás de un maldito mostrador en lugar de estar por ahí
trepando azoteas y matando objetivos? ¿En serio te crees que esto me gusta? – comenzó
a decirle mientras le aprisionaba cada vez más, hablándole a pocos centímetros
del rostro—. Yo gustoso saldría a matar gente otra vez, porque eso es lo que se
me da bien hacer, no cálculos y números estúpidos. Y si matarte sirviera de
algo, créeme que ya lo habría hecho. Pero no quiero tu sangre en el suelo, lo
que quiero es que sufras todo lo que yo estoy sufriendo.
Tras decirle aquello,
se separó de él, casi como si le diera asco, y le arrebató el plato que aún
sostenía con las manos:
— Y en mi casa
recojo yo las cosas – murmuró, dándose la vuelta y caminando rumbo a la cocina.
— Lo has
conseguido, Malik – dijo un susurro a su espalda—. Ya estoy sufriendo.
Esas palabras
le dejaron paralizado.
Maldijo por lo
bajo, pero dejó el plato sobre el mostrador con un golpe, y giró sobre sus
talones, acercándose despacio hacia el asesino, que aún seguía apoyado contra
el marco.
Se paró justo
enfrente, y tras pasar su mano tras la nuca del otro, acercó su rostro, dejando
ambas frentes pegadas.
Tenían tantas
cosas ahogándose en sus gargantas, demasiado orgullosos como para permitir que
fluyeran. Así que simplemente se quedaron así, con los ojos cerrados durante
unos minutos.
Fue Altaïr el
primero en moverse. Dejó que la cabeza resbalara hasta apoyarse en el hombro
del manco, abrazándole lentamente, permitiendo que Malik acariciara su cabeza
tranquilamente:
— Eres un
novicio rebelde, siempre la lías en todas las cenas – murmuró el hombre,
disfrutando de la sensación de notar los labios del asesino sonreír contra su
cuello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario